jueves, 10 de enero de 2013

Me niego a disfrazarme de botox

Vaya reflexión para iniciar el año, pero parece que este fue el tema ganador para mi primer post del 2013.  Leía una entrada escrita por una bloguera de MC, Cuarentona, y al dejarle un comentario me vino el tema a la cabeza, y decidí escribirlo. 

Imagen: Mikael Wilman (Creative Commons)
Vivimos bombardead@s por un concepto muy particular de la belleza femenina (y masculina también). Lo bello, aparentemente, es lo joven, lo fresco, lo "sin arrugas", lo "sin experiencia". Cuando observo a esas preciosas modelos de menos de veinte años que maquilladas y vestidas con sus looks de vamp parecen de más de veinticinco, no puedo dejar de preguntarme: ¿Y qué hacemos las que tenemos más de cuarenta y tantos? ¿En dónde escondemos la experiencia, las arrugas y lo vivido?  

Me encuentro con amigas y conocidas que lucen espectaculares y se sienten mal porque sus cuerpos no son los de hace 20 años y porque las arrugas delatan que nacieron en la década de los sesenta o más. ¿En qué momento la cultura, la sociedad, los estereotipos marginaron a las mujeres que dejaron de ser jóvenes y les dijeron que sus experiencias, años y vivencias cabían en un asilo o en una especie purgatorio social inasible, indefinible y que nadie quiere (ni siquiera ellas mismas)? 

Es todo un desafío vivir el duelo de los años. Así es. Rebasar los cuarenta y acercarse a las siguientes décadas da miedo y representa despedirse de las décadas previas envueltas en juventud y desdeñosas de los años por venir. ¿Yo vieja? "Jamás" (y si quién está leyendo esto jamás lo ha sentido o pensado, le ruego me lo cuente en la sección de comentarios).  Aprender a enamorarse de los años que trae uno puestos lleva su tiempito, por supuesto. Cuando el cuerpo empieza a hacer lo que le viene en gana; cuando te pones a dieta y en lugar de bajar de peso, subes... es que las cosas ya no son como antes. Y no quiere decir que sean peor, simplemente quiere decir eso, que lo que era ya no es y hay que aprender a vivir con ello, aceptarlo, organizarlo y alinear(se) y alinear(lo) a lo que es hoy, aquí. 

¿Estar bella y sentirse bien? ¡Por supuesto! Pero hay que aprender a ser y estar con uno mismo en el cuerpo que lleva uno puesto y con la vida que uno se ha formado, generado, inventado y construido. Quisiera hacerme añosa (¿ven? Me niego a decir vieja) con dignidad y guapura. No me gustan las mujeres (ni los hombres, que los hay y se ven espeluznantes) con caras irreconocibles por las inyecciones, el botox y todo tipo de cosas extrañas. Las arrugas también son hermosas, son señal de que se ha vivido.

Tengo arrugas alrededor de los ojos, pero debo confesar que creo que nací con ellas, pues las tengo desde que recuerdo. En mi caso, las famosísimas patitas de gallo son testigo fiel de que desde que tengo uso de razón, me río. Si, ¿qué puedo hacer? No me imagino soltando una carcajada sin que el ceño se me frunza un poco.... cuando alguien se ríe y la cara no expresa nada, me da tristeza. No quiero verme así. Me niego a disfrazarme de botox.

Justo veía hoy un fotoreportaje sobre Helen Mirren, la famosa actriz que desempeñó el papel de la Reina Isabel II hace unos años en el famoso film y que resulta que tiene 67 años... y se ve ¡e s p e c t a c u l a r! Ya quisiéramos muchas cuarentonas vernos como ella, y sobre todo, andar con ese aplomo por la vida.  (Desde hoy me declaro su fan.)

¿Tienes más de cuarenta? ¿Cómo los vives? ¿Esto no te dice nada? (¡Seguro tienes menos de 35!) ¿Por qué no te importa?

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