viernes, 24 de marzo de 2017

De polvo, tiempo, sueño y agonía




Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?
Jorge Luis Borges

Hace meses me pregunto ¿qué sucede en el mundo? Confieso que no lo comprendo. Leo explicaciones de toda naturaleza y me parecen reales, pero en el fondo limitadas. 


Hace no mucho tiempo,  la historia reciente parecía relativamente lineal y la sucesión de acontecimientos lógica: de la Segunda Guerra a la Guerra Fría, de la caída del Muro de Berlín al mundo multipolar, de los nuevos liderazgos a la globalización. Los vasos comunicantes eran claros.

Hoy todo parece inconexo, y sin embargo, vivimos una realidad hiperconectada.  El ciclo de las noticias se acorta por segundo y “el hace mucho tiempo” puede consistir en un par de años, meses o hasta días.  Los hechos excepcionales se transforman en cotidianos, la verdad se confunde con la mentira, lo externo entra a nuestras casas.

Consumimos violencia y nos sorprendemos por su existencia en nuestra vida; respiramos malestar y esperamos que un día –sin razón alguna- todo sea bienestar; cambiamos adjetivos por ideas y todas y todos  nos consideramos jueces de lo correcto.

Nuestras certezas se han convertido en blancos en movimiento.  La Unión Europea es un claro ejemplo de esto.  Hemos sido testigos los últimos años de su consolidación, y de repente aparece Brexit, sacudiendo los cimientos de su razón de ser. Olvidamos, seres históricos finalmente, que la constante fueron las guerras y que la paz y la armonía la excepción. ¿Será que nos enamoramos de la idea de la paz y ello nos hizo olvidar que el enfrentamiento ha sido lo que ha caracterizado la historia de la humanidad?  Nos ha sorprendido, y asustado, la llegada de Trump y el radicalismo de su discurso y sus acciones, sin embargo, no es la primera vez que se vive; si es la primera vez que a generaciones enteras les toca escucharlo de viva voz, percibirlo y observarlo.

Hoy tenemos más información que nunca, nos enteramos de los sucesos a la velocidad de un tuit y sin embargo, no sabemos cómo responder ni enfrentar los desafíos. Necesitamos pensar, planear y reflexionar y la velocidad con la que vivimos hace que cualquiera de las tres opciones parezca una pérdida de tiempo. Actuar es la solución, ¿pero para qué y hacia dónde dirigirse?  

Pensamos que somos los actores de este gran escenario, pero lo que pasa cada día parece demostrarnos que somos las simples piezas de un gran tablero de ajedrez y que desconocemos que Dios detrás de Dios la trama empieza.

Imagen: Max Pixel


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